La tragedia se consuma. El Celta será equipo de segunda división el
ejercicio próximo. En el partido de esta tarde se pueden aducir excusas
como la eterna falta de acierto ante el marco rival, el arbitraje
absolutamente nefasto de Rubinos Pérez o incluso las inclemencias
meteorológicas, pero no son más que eso, excusas. El conjunto gallego
es víctima de sí mismo desde hace muchos meses, con Vázquez o con
Stoichkov. Una horrible planificación de la directiva en agosto a la
que se han sumado la falta de sensatez y experiencia en momentos clave
de la temporada conducen a los celestes de nuevo al infierno. Hace dos
años, con Vázquez, se escapó a la primera. ¿Y ahora?
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| Gustavo abandona el campo llorando |
El Celta comenzó el choque temeroso, tenso y con una
excesiva carga de responsabilidad. La concentración en Melgaço no
sirvió de terapia psicológica y el equipo volvió a caer en los errores
de siempre: falta de confianza, precipitación en la entrega y una total
falta de pegada en ataque. El Levante, un conjunto pésimo en todas sus
líneas, sólo tuvo que esperar y vencer. Es difícil encontrar a lo largo
de la historia algún equipo que haya hecho menos para ganar en Balaídos
en un choque de semejante trascendencia.
Stoichkov dio la batuta del choque a Oubiña e Iriney
que fueron dos pollos descabezados mientras duraron juntos en el campo.
El canterano, lejos de su mejor versión, derrochó esfuerzo físico pero
estuvo muy impreciso en la construcción. Iriney duró 18 minutos en el
campo ya que se lesionó solo en la banda derecha. Otro añadido más a la
lista de desagravios que se han cebado con los vigueses a lo largo de
la temporada.
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| El Levante celebra el segundo tanto ante la desesperación de Ángel |
El técnico dio entrada a Pablo García. El uruguayo apenas intervino en
el juego ya que, si no es titular, la guerra no parece ir con él. Otro
“mérito” más, el de su cesión, que unir a la larga nómina de aciertos
de la actual cúpula del Celta.
No obstante y, a pesar de la desgracia de Iriney, el
Celta dominó el choque durante todo el primer tiempo. Oubiña rozó el
gol en el minuto 23 con una volea desde dentro del área pero Molina
reaccionó con acierto.
En el minuto 38, el colegiado Rubinos Pérez se inventó
el penalti que dio origen al primer tanto. El único atenuante que puede
tener el trencilla es que avisó a Tamas antes del golpeo de que, si
seguía con el forcejeo, pitaría la pena máxima. El rumano lo obvió y
Rubinos demostró su valentía señalando el punto fatídico. Es un
verdadero insulto una decisión semejante, con tanto en juego, sin haber
prácticamente nada en el área. El atrevimiento arbitral siempre se da
en los mismo escenarios.
Para más dramatismo, el penalti tardó más de cinco
minutos en ser lanzado y Esteban rozó el esférico antes de besar la
red. Era el principio del fin para el Celta.
Los de Stoichkov buscaron el empate antes del descanso,
principalmente, mediante Gustavo López que se dejó el alma en cada
jugada. El argentino es lo único rescatable en un día en el que
volvieron a fallar la mayoría de los presentes, especialmente Baiano,
un delantero que parece una sombra del que principiara la temporada
pasada vestido de celeste.
Al descanso, los rostros de los celtistas transmitían
resignación, como aquel estudiante que acude a un examen sin haber
cogido un libro durante todo un año. El Celta ha dado ese perfil
durante todo el curso. Un primer trimestre en el que ha sobrevivido de
los conocimientos del pasado y un último semestre en el que ha entrado
en barrena fruto de su ignorancia y desidia a todos los niveles.
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| Nené se lamenta de una ocasión errada |
En la reanudación, los pupilos de Stoichkov salieron con algo más de
pundonor pero con la misma escasez de ideas. Volvía a dar la sensación
de que era la primera vez que se reunían aquel grupo de futbolistas
para jugar un partido. Nada de fútbol colectivo, nada de combinaciones
y menos ayudas en el marcaje al compañero desbordado.
No obstante, y como el Levante es seguramente el peor
equipo de la Liga, Tamas gozó de una clarísima ocasión al rematar en
posición forzada desde dentro del área pequeña. El balón, cómo no, tomó
la dirección menos lógica e inexplicablemente se fue fuera, ante la
incredulidad y desesperación del banquillo local. Ahí comenzó la
sentencia pues dos minutos después, Riga, tras un posible fuera de
juego, hizo el 0-2. Era el mazazo definitivo a los celestes.
El partido entró entonces en una fase de constantes
interrupciones hasta el punto de que el Celta, desesperado, llegó a
estar jugando con un jugador del Levante conmocionado en el suelo ante
el consentimiento de Rubinos Pérez, un colegiado sin criterio alguno en
sus decisiones.
En el minuto 52, Bamogo ocupó el puesto de Núñez y el
Celta ganó algo de mordiente ofensiva. Diez minutos después, Baiano
aprovechaba una gran asistencia y recortaba distancias. Daba la
sensación de que, a poco que se apretara a los “granotas”, el resultado
era remontable.
El Celta lo intentó pero sólo con el corazón. La
consigna durante toda la semana era la de jugar el choque olvidándose
de la tabla clasificatoria y con mucha paciencia y cabeza. El choque
fue todo lo contrario. Excesiva pasión y nada de madurez. Sólo Gustavo
López, inmenso en su banda, generó ocasiones de peligro que nadie supo
materializar.
Un gol bien anulado a Nené por fuera de juego y tres
claras ocasiones consecutivas finales de Bamogo, Oubiña y Ángel
precedieron al pitido final, en el que el celtismo se derrumbó y, con
él, la esperanza de ver, la próxima campaña, un Celta de primera
división.
Por delante restan cuatro partidos en los que el Celta
quemará sus opciones matemáticas frente a la Real Sociedad -con la que
empata a puntos-, Betis, Atlético de Madrid y Getafe. Si los milagros
existen, serán a lo único a lo que los de Stoichkov podrán agarrarse en
estos momentos.
Así está la parte baja tras la 34ª jornada de Liga:
14Osasuna37
15Levante36
16Betis35
17Athletic34
18R. Sociedad30
19Celta30
20Gimnàstic24